martes, 10 de marzo de 2009


En una pequeña finca de Ometepe, un lugar de sueño, descubro que he recuperado mucha energía y que parte de ella la recibí de las mujeres que he ido encontrando en este camino. Mujeres que he ido conociendo en las distintas visitas realizadas, quiero hacer mención a algunas de ellas; Dña Corina, Francisca, Rosario, Yamilet, Amalia, Karen, Carmen y mis queridas compañeras de viaje, porque ellas sabias, emprendedoras y alegres me han llenado de fuerza y deseo para continuar esta lucha.
Porque quién no ha experimentado alguna vez en su vida la inquietante certidumbre de que en su mano está hacer algo por mitigar, siquiera un poco, las injusticias y desigualdades que nos toca soportar cotidianamente.
Quién no se ha desprendido alguna vez, aunque sea de pensamiento del imcomprensible egoismo que atenaza nuestra capacidad de reacción ante las desigualdades sociales que hacen del espacio en el que habitamos y tiempo que vivimos un lugar tantas veces lleno de intransigencia y frágil solidaridad.
Gracias por darme todo a cambio de nada.

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